Maitena y Frida Kahlo
Cuando se va de turismo a Buenos
Aires, uno espera encontrar referencias de los mitos argentinos por antonomasia
que, según las postales porteñas no son otros que Maradona, Evita, Ché Guevara,
el Papa y, en función de los gustos del editor, Borges o Cortázar. Los
dos escritores universales que parió la ciudad forman parte del imaginario
colectivo de un país con unas señas de identidad muy profundas y arraigadas.
Aunque llegué a la ciudad seguramente con el secreto deseo de percibir el
aliento de la Maga en alguna esquina o el espíritu de Borges en cualquier café
o petit bristró de Palermo, debo reconocer que mi pequeño gran descubrimiento
fue una pequeña joya de mi juventud: Mujeres alteradas de Maitena.
Después de muchos años sin haber
vuelto a ver una tira cómica de ella, allí estaban reunidas todas esas
historietas que mi madre, mi hermana y yo devorábamos los domingos en El País
Semanal delante de los inevitables curasanes y del té con leche humeante.
Gracias a la ilustradora gráfica, el suplemento dominical del periódico
irradiaba luz, color, y, por primera vez, feminismo. Seguramente fue un guiño
para ganar lectoras de determinado perfil ideológico y sociológico, pero
gracias a Maitena yo sentía que el mundo se había vuelto menos hostil para las
mujeres, más cercano, más solidario. Fueron los años dorados del periódico y
los tiempos en los que todavía nos sentíamos orgullosos de pertenecer a su club
de lectores.
Las mujeres nos sentimos reflejadas
en las historietas de Maitena Burundarena porque nos ponen contra las cuerdas y
sacan a la luz todas nuestras debilidades: el miedo a no ser queridas, el miedo
a engordar, el miedo a perder la pareja, el miedo a ser mala madre, el
miedo a los hijos. Todos nuestros complejos al descubierto sin censura previa y
a la vista de todos. Antológicas algunas tiras, como la de la mujer que,
respira aliviada tras escuchar algunos terribles secretos de su pareja: “Mirá,
no te dije que soy casado, tengo dos hijos, problemas de guita y no me hablo ni
con mis padres ni mis amigos”…. “¡¡Ah!! Qué susto, pensé que me ibas a decir
que no me querías”, contesta la mina…
Sus historietas de mujeres anónimas
también son una muestra de lucha y de supervivencia, de reconocimiento, de
reinvindicación, de militancia feminista. En una de las últimas entrevistas que
concedió Maitena, aseguraba que aunque ella había dejado de dibujar no había
dejado de luchar y que jamás lo haría. "Mis historietas recién ahora se
han publicado en Bolivia y estoy segura de que están ayudando al avance de la
mujer".
Todas esas tiras se me aparecieron
a todo color en el porteño mercado del libro de segunda mano de la Plaza de
Italia, donde se puede encontrar prácticamente de todo relacionado con la
literatura latinoamericana. Y es que el paisaje urbano porteño está entretejido
de librerías de segunda mano en cada cuadra y también de mercadillos
temporales, improvisados y permanentes de libros de ocasión, antiguos, en
ediciones fileteadas o modernas y pertenecientes a todo tipo de disciplinas
-con la psicoterapia lacaniana al frente, faltaría más- que convierten a Buenos
Aires en uno de los mayores supermercados de libros out e indoor.
Este mes de agosto sin ir más lejos
todos los quioscos de la capital estaban engalanados con la colorida y alegre
colección de cuentos infantiles de la editorial Sudestada. Bajo el sugerente
título de Las Antiprincesas, los argentinos demuestran una vez más que son
únicos a la hora de demostrar que la letra impresa no está muerta y que la
lectura puede alentarse desde temprana edad.
Esta colección busca romper con los
clichés de las princesas Disney tan políticamente correctas y edulcoradas y
aboga por mostrar a las niñas y niños otra realidad sobre mujeres de carne y
hueso. Las vidas de importantes pintoras, cantantes, heroínas libertarias y
artistas latinoamericanas aparecen ahora reflejadas a todo color en cada uno de
los magníficos cuentos editados. Hasta ahora han salido a la venta cuatro
números dedicados a Frida Kahlo –un auténtico mito para los argentinos-,
Violeta Parra, Juana Azurduy y Gilda y siguen preparando nuevas ediciones.
Para mi hija fue un auténtico
hallazgo descubrir la figura de una de las más importantes pintoras
contemporáneas cuya imagen icónica se reproducía hasta la saciedad en fundas
para móvil, cuadernos, octavillas revolucionarias, tazas, monederos, carteles, etcétera.
Cualquier puesto de San Telmo que se preciara tenía al menos un objeto en el
que aparecía Frida, la mujer del lazo rojo en la cabeza y las cejas unidas y
dueña de un universo artístico onírico mucho más singular y único que los
defensores del tándem Diego Rivera-Frida nos han hecho creer.
Para mis hijas, estas dos mujeres,
además de nuestra querida amiga Lala, Florchu y la Troska se convirtieron en el
gran descubrimiento de este maravilloso Buenos Aires. Yo por mi parte me
encontré con quién había venido a buscar: con el recuerdo de mi madre que
prendí en todos y cada uno de los lugares de esta mítica ciudad.
