viernes, 26 de julio de 2019

El arte del engaño


Mónica Hidalgo


Un relato nada edificante acerca de lo fácil que nos ha resultado tirar la toalla y vendernos al mejor postor

En las publicaciones sectoriales TI (y sospecho que en los otros sectores también) los directores de las publicaciones hace mucho tiempo que dejamos de ser periodistas para convertirnos en simples promotores de marcas sobre las que hacemos propuestas para vender acciones, eventos, webinars y todo tipo de iniciativas. Aunque nos henchimos como pavos al definirnos como periodistas, lo cierto es que nuestras publicaciones han dejado hace mucho tiempo de ser medios de comunicación e información para convertirse en meros vehículos publicitarios de nuestros anunciantes.

Antes los publirreportajes eran artículos excepcionales, que se diferenciaban claramente de las noticias y reportajes y se identificaban con la marca anunciante a través de logotipos u otro tipo de imágenes. A los periodistas no nos gustaba que aparecieran en la publicación porque denigraban el modelo de independencia y objetividad que promovíamos y siempre luchábamos frente a la empresa para identificarlos claramente frente a nuestros artículos, noticias y reportajes.

Ahora todas las revistas online y print del sector TI sin excepción están trufadas de branded contents, el anglicismo que se ha impuesto al  publirreportaje de toda la vida, que venden las bondades de las empresas pagadoras y en los que no se identifica en ningún momento la marca anunciante.
Esto quiere decir que el lector no sabe, aunque pueda sospecharlo, si un artículo es información o bien es una columna de opinión o publicidad de la marca. Y no lo sabrá nunca. 

En muchos casos los publirreportajes se disfrazan o camuflan como columnas o artículos de opinión firmadas por un experto del sector, cuando en realidad son contribuciones pagadas en la que se vende algún producto o servicio de la empresa en cuestión. La perversión es todavía mayor porque queremos colar como noticia objetiva un artículo pagado que simula ser una información sobre tendencias de negocio.

Al rico cohecho

Pero tenemos más pecados que expiar, me temo. Los cohechos existen desde tiempo inmemorial y todos los periodistas los aceptan sin rechistar porque consideran que son gestos de buena educación y respeto hacia los medios obviando las implicaciones de dicha aceptación. 

¡Qué majos! Decimos al unísono cuando nos mandan el consabido Roscón de Reyes, cesta de vinos, tarta, quesos delicatesen o emolumento que se precie.
Ahora, además del pago en especie, se suma el disfrute de experiencias de ocio inmersivas que nos permitan saborear al máximo nuestro preciado tiempo libre. Montar en globo, probar el túnel del aire, dormir en el hotel del terror, jugar en el escape room de La casa de papel, son sólo algunos de los apetitosos bocados con los que nos tientan los fabricantes y proveedores TIC para tenernos contentos. 

Eso por no hablar de los megaviajes de incentivos en los que hay tortas por conseguir una plaza. Bien es verdad, para ser totalmente sinceros, que también hay viajes express ida y vuelta a China en día y medio con exigencias imposibles, pero una cosa no justifica la otra. 
  

Maltratando, que es gerundio

“Esos tíos no ponen nada de dinero, los podemos golpear”. Es otra frase que se oye mucho en las redacciones y se refiere a la estrategia de 'maltratar' a una compañía que no es anunciante. Hablemos mal de esa empresa y a la vez simulemos ser grandes periodistas cubriendo una gran noticia. El objetivo en el fondo es: consigamos que se enfaden mucho, sepan el importante papel que tenemos como medio y consigamos que en el futuro nos pongan publicidad. ¡Ni más ni menos!

Es curioso porque recientemente he leído varios artículos de periodistas encumbrados del sector, es decir, los que trabajan en medios 'serios' de reconocido prestigio, no en pequeñas pymes que luchamos con dientes y uñas para sobrevivir sin la ayuda de multinacionales. Como decía, en uno de los últimos, un reconocido periodista de un medio económico, se jactaba de los varios premios que había recibido e incluso explicaba cuál era el que le había 'hecho más ilusión', como un Rafa Nadal cualquiera.

Conviene decir que los premios suelen concederlos las empresas anunciantes de esos medios, no un jurado profesional u otros periodistas, lo que ensombrece un poco esa la digna concesión de los galardones. 

Esos galardones se suelen repartir entre los periodistas con más relumbrón del sector, que trabajan en las secciones TI de grandes periódicos económicos y generalistas y que, a su vez,  ningunean a otros muchos de pequeñas editoriales. Estos últimos también se lo curran pero tienen menos recursos, menos tiempo y lo que es más importante, son mucho menos conocidos que las estrellas de los medios asentados. ¡Justicia poética para ellos, por favor!

Presiones y amenazas

En el artículo el susodicho periodista también aseguraba que 'jamás de los jamases' había sufrido presión alguna por parte de ninguna empresa y se había sentido libre a la hora de escribir sus artículos y crónicas. 

Igual tiene razón y los periodistas de grandes medios generalistas y económicos no reciben las presiones de los anunciantes, pero en las pequeñas editoriales que somos tan pocos y desarrollamos varias funciones, puedo asegurar que SÍ, que recibimos presiones, boicots y amenazas desde siempre y quien diga que no es así, miente. O practica la autocensura, que también es muy recurrida.

Por sistema no vamos a hablar mal de los anunciantes, a no ser que sea algo muy gordo, muy gordo y que  lo den también los grandes medios. No vamos a machacarles, no vaya a ser que se enfaden y nos retiren las migajas de publicidad que recibimos a cambio de estar a su entera y continua disposición y en genuflexión permanente.

¿Quieren un ejemplo? Este mismo año una gran multinacional, pero que muy grande y muy conocida, nos ha 'exigido' cambiar el titular de un artículo y noticia web porque era perjudicial para sus intereses y daba una imagen negativa de la empresa. ¿Quizás es que era falsa? No, pero no les había gustado. El director de comunicación y la agencia nos llamaron y regañaron por habernos excedido en nuestras atribuciones y por supuesto, nos amenazaron veladamente. “Parece mentira, con lo mucho que hacemos por vosotros”. 

La espada de Damocles siempre pendiendo sobre nuestras cabezas…Me pregunto si harían lo mismo cuando no les guste un titular de El País de El Economista o de Expansión. No sé por qué, pero me da que no.


Corren malos tiempos para los defensores del periodismo como garante de las libertades y estandarte para la búsqueda de la verdad. Y es que hoy más que nunca se cumple la famosa cita de Orwell: "Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas".