Mónica Hidalgo
En las
publicaciones sectoriales TI (y sospecho que en los otros sectores también) los
directores de las publicaciones hace mucho tiempo que dejamos de ser
periodistas para convertirnos en simples promotores de marcas sobre las que
hacemos propuestas para vender acciones, eventos, webinars y todo tipo de
iniciativas. Aunque nos henchimos como pavos al definirnos como periodistas, lo
cierto es que nuestras publicaciones han dejado hace mucho tiempo de ser medios
de comunicación e información para convertirse en meros vehículos publicitarios
de nuestros anunciantes.
Antes los
publirreportajes eran artículos excepcionales, que se diferenciaban claramente
de las noticias y reportajes y se identificaban con la marca anunciante a
través de logotipos u otro tipo de imágenes. A los periodistas no nos gustaba
que aparecieran en la publicación porque denigraban el modelo de independencia
y objetividad que promovíamos y siempre luchábamos frente a la empresa para identificarlos
claramente frente a nuestros artículos, noticias y reportajes.
Ahora todas
las revistas online y print del sector TI sin excepción están trufadas de
branded contents, el anglicismo que se ha impuesto al publirreportaje de toda la vida, que venden
las bondades de las empresas pagadoras y en los que no se identifica en ningún
momento la marca anunciante.
Esto quiere
decir que el lector no sabe, aunque pueda sospecharlo, si un artículo es
información o bien es una columna de opinión o publicidad de la marca. Y no lo
sabrá nunca.
En muchos casos los publirreportajes se disfrazan o camuflan como columnas
o artículos de opinión firmadas por un experto del sector, cuando en realidad
son contribuciones pagadas en la que se vende algún producto o servicio de la
empresa en cuestión. La perversión es todavía mayor porque queremos colar como noticia
objetiva un artículo pagado que simula ser una información sobre tendencias de
negocio.
Al rico cohecho
Pero tenemos
más pecados que expiar, me temo. Los cohechos existen desde tiempo inmemorial y
todos los periodistas los aceptan sin rechistar porque consideran que son gestos
de buena educación y respeto hacia los medios obviando las implicaciones de
dicha aceptación.
¡Qué majos! Decimos al unísono cuando nos mandan el consabido
Roscón de Reyes, cesta de vinos, tarta, quesos delicatesen o emolumento que se
precie.
Ahora,
además del pago en especie, se suma el disfrute de experiencias de ocio
inmersivas que nos permitan saborear al máximo nuestro preciado tiempo libre.
Montar en globo, probar el túnel del aire, dormir en el hotel del terror, jugar
en el escape room de La casa de papel, son sólo algunos de los apetitosos
bocados con los que nos tientan los fabricantes y proveedores TIC para tenernos
contentos.
Eso por no hablar de los megaviajes de incentivos en los que hay
tortas por conseguir una plaza. Bien es verdad, para ser totalmente sinceros,
que también hay viajes express ida y vuelta a China en día y medio con
exigencias imposibles, pero una cosa no justifica la otra.
Maltratando, que es gerundio
“Esos tíos
no ponen nada de dinero, los podemos golpear”. Es otra frase que se oye mucho
en las redacciones y se refiere a la estrategia de 'maltratar' a una compañía
que no es anunciante. Hablemos mal de esa empresa y a la vez simulemos ser
grandes periodistas cubriendo una gran noticia. El objetivo en el fondo es:
consigamos que se enfaden mucho, sepan el importante papel que tenemos como
medio y consigamos que en el futuro nos pongan publicidad. ¡Ni más ni menos!
Es curioso
porque recientemente he leído varios artículos de periodistas encumbrados del
sector, es decir, los que trabajan en medios 'serios' de reconocido prestigio,
no en pequeñas pymes que luchamos con dientes y uñas para sobrevivir sin la
ayuda de multinacionales. Como decía, en uno de los últimos, un reconocido
periodista de un medio económico, se jactaba de los varios premios que había
recibido e incluso explicaba cuál era el que le había 'hecho más ilusión', como
un Rafa Nadal cualquiera.
Conviene
decir que los premios suelen concederlos las empresas anunciantes de esos
medios, no un jurado profesional u otros periodistas, lo que ensombrece un poco
esa la digna concesión de los galardones.
Esos
galardones se suelen repartir entre los periodistas con más relumbrón del
sector, que trabajan en las secciones TI de grandes periódicos económicos y
generalistas y que, a su vez, ningunean
a otros muchos de pequeñas editoriales. Estos últimos también se lo curran pero
tienen menos recursos, menos tiempo y lo que es más importante, son mucho menos
conocidos que las estrellas de los medios asentados. ¡Justicia poética para ellos, por favor!
Presiones y amenazas
En el
artículo el susodicho periodista también aseguraba que 'jamás de los jamases' había sufrido presión
alguna por parte de ninguna empresa y se había sentido libre a la hora de
escribir sus artículos y crónicas.
Igual tiene razón y los periodistas de
grandes medios generalistas y económicos no reciben las presiones de los
anunciantes, pero en las pequeñas editoriales que somos tan pocos y
desarrollamos varias funciones, puedo asegurar que SÍ, que recibimos presiones,
boicots y amenazas desde siempre y quien diga que no es así, miente. O practica
la autocensura, que también es muy recurrida.
Por sistema no
vamos a hablar mal de los anunciantes, a no ser que sea algo muy gordo, muy
gordo y que lo den también los grandes medios. No vamos a machacarles, no vaya a ser que se enfaden
y nos retiren las migajas de publicidad que recibimos a cambio de estar a su
entera y continua disposición y en genuflexión permanente.
¿Quieren un
ejemplo? Este mismo año una gran multinacional, pero que muy grande y muy
conocida, nos ha 'exigido' cambiar el titular de un artículo y noticia web
porque era perjudicial para sus intereses y daba una imagen negativa de la
empresa. ¿Quizás es que era falsa? No, pero no les había gustado. El director
de comunicación y la agencia nos llamaron y regañaron por habernos excedido en
nuestras atribuciones y por supuesto, nos amenazaron veladamente. “Parece
mentira, con lo mucho que hacemos por vosotros”.
La espada de Damocles siempre
pendiendo sobre nuestras cabezas…Me pregunto si harían lo mismo cuando no les
guste un titular de El País de El Economista o de Expansión. No sé por qué, pero me da
que no.
Corren malos
tiempos para los defensores del periodismo como garante de las libertades y
estandarte para la búsqueda de la verdad. Y es que hoy más que nunca se cumple la famosa cita de Orwell: "Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas".

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